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A veces, cuando pensamos en el mundo de los contratos inteligentes, es inevitable pensar también en criptomonedas y en transacciones por la red. Gracias a las mitologías populares del cine y la televisión, es fácil ver estas tecnologías como parte de un mundo que está reservado para los hackers y para todo tipo de expertos en informática, leyes, finanzas. Cuando pensamos así, sentimos que este mundo está lejos de nosotros, en su propia esfera.

Hoy hablamos con Gutemberg Dos Santos, una autoridad en tecnologías como Blockchain y las criptomonedas, quien nos habla del enorme impacto que tendrá, en casi todos los estratos de nuestra sociedad, esta nueva manera de intercambiar bienes y servicios.

Compartimos aquí el resultado de la entrevista. Se han suprimido preguntas, comentarios al margen y otros elementos, para una lectura más ágil.

De la necesidad a la visión

Igual que muchas nuevas tecnologías, Blockchain surgió para resolver una necesidad: la posibilidad de hacer transacciones seguras, reguladas e inalterables. Pero, con su uso, comenzaron a ser visibles su enormes posibilidades. Fue posible entender que esta tecnología podría tener repercusiones en muchos ámbitos de la sociedad, no sólo para lo que fue diseñada. Su impacto, ahora lo vemos, será histórico. Lo que Blockchain puede lograr es eliminar el control y el costo de las organizaciones intermediarias que, hasta hoy, han controlado este tipo de intercambios. Bancos, despachos legales, notarios… Cualquier transacción entre dos individuos ha tenido siempre que pasar por ellos, y dejarles una parte. Hoy, las transacciones directas entre individuos están a nuestro alcance. Blockchain es, en esencia, el gran paso hacia la democratización de las transacciones.

Para todos, en todos los campos

En realidad, no todas nuestras transacciones pasan por los intermediarios, porque muchos intermediarios no están dispuestos a darnos un servicio para transacciones mínimas, que estén por debajo de una cantidad de dinero. Y en las transacciones significativas, ellos tienen que llevar una parte. Es decir, hay un costo, pero el servicio es restringido. Con Blockchain, al no haber costo por transacción, es posible cobrar cantidades ínfimas —incluso, en teoría, fracciones de centavos— sin límite y sin costo. Eso lo hace ideal para servicios que hoy son controlados por firmas de suscripción. Músicos, artistas, prestadores de servicios, propietarios intelectuales, maestros, pueden ahora recibir, de manera directa, el pago por sus servicios, y

mantener sus precios, sin cargar a sus usuarios o clientes el costo de la transacción. Con esta tecnología también sería posible adquirir bienes o servicios sin pasar por agencias o tiendas en línea. Esto se debe a que, en la esencia misma de Blockchain, está el concepto de descentralización: se trata de intercambios entre individuos, sin que haya una entidad centralizadora que controle todas las transacciones (y cobre por hacerlo). Al mismo tiempo, la regulación y la vigilancia del cumplimiento de cada transacción queda a cargo de una comunidad integrada por miles o, en ocasiones, millones de usuarios, interconectados, cada uno con una copia del contrato inteligente. Incluso si alguien se tomara la molestia de hacer un cambio en el contrato, le resultaría imposible hacer ese mismo cambio en cada una de las miles y miles de copias que están almacenadas en los equipos informáticos de personas en todo el mundo. A la vista, con total transparencia, sin cajones cerrados.

Descentralización, transparencia e inmutabilidad

Es difícil para nosotros, por nuestra cultura y por falta de opciones reales, imaginar un mundo realmente descentralizado. Siempre hemos recurrido a esquemas centrales de organización para todo tipo de operaciones. Bancos, notarías, instancias de gobierno, grandes empresas que controlan bienes y servicios… Es la manera que conocemos para sentir seguridad y para obtener resultados. Aunque, también por experiencia, nos quedan claras las limitaciones: cuando un organismo central controla todo, lo que afecte a ese organismo afectará a todos los usuarios, quienes no tienen ningún mecanismo para intervenir. La institución centralizada puede ser corrompida, intervenida, atacada o, simplemente, colapsar, por fuerzas de mercado o por sucesos históricos. Cuando eso pasa, ya no hay respuestas. Ellos tenían la información, el control, los recursos, todo el poder. En una instancia descentralizada, todos los usuarios están a cargo de vigilar las transacciones. Si uno de ellos pierde la información o es víctima de un ataque o sabotaje, habrá miles o millones que también poseerán la información y podrán restaurarla. Por supuesto, se eliminan las tarifas por intermediación, y los trámites engorrosos. Además, cuando entras en un convenio por Blockchain, el convenio está a la vista de todos para ser leído y revisado: cuentas con anonimato, porque en lugar de usar nombres se usan códigos individuales. Pero todos los términos del contrato están a la vista, con total transparencia.

Y, dado que cada bloque en la cadena cuenta con un registro de tiempo y con un conjunto de datos que lo hacen único, es inmutable: nadie puede falsificarlo ni alterarlo. Cualquier intento en esta dirección sería inmediatamente detectado y demostrable.

Una nueva dirección

Al pensar en Blockchain, debemos pensar en un mundo nuevo, que es posible: una manera revolucionaria de hacer transacciones descentralizadas, con absoluta garantía, sin importar el tamaño del monto. Un mundo más abierto, más democrático, más fluido. Un mundo donde la gente común tenga más control.

Gutemberg Dos Santos

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